La integracion escolar de niños con tgd es una decision aislada
Fecha: 2009-11-08 | Consultar  

La integración de niños con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) en escuelas comunes debe ser, cuando es indicada por profesionales, una política de Estado, pero los responsables aún no lo saben y en el mejor de los casos se convierte en una decisión aislada de cada institución, coincidieron especialistas.

La integración de niños con Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) en escuelas comunes debe ser, cuando es indicada por profesionales, una política de Estado, pero los responsables aún no lo saben y en el mejor de los casos se convierte en una decisión aislada de cada institución, coincidieron especialistas.

Por esa razón, cientos de chicos que cada año podrían y deberían ser integrados quedan fuera del sistema educativo, que no puede entenderlos.

Gabriel, con siete años, Síndrome de Asperger y un recurso de amparo que carga en la mochila, demostró que el milagro es posible y hoy cursa su segundo grado con una maestra integradora que lo asiste y cuya presencia es bienvenida por el Colegio Generación del Futuro del barrio de Boedo.

Alejandro Berra, padre de Gabriel, contó a Télam que "cuando estaba en sala de cuatro, en el Instituto Bernasconi, me dijeron que tenía que ir a una escuela especial porque desentonaba del resto. Sin embargo, el equipo terapéutico que lo atendía sostenía que la integración de `Gaby` era posible y necesaria en una escuela común".

Sus padres mantuvieron durante dos años una intensa lucha, en la que de la escuela especial los mandaban a la común y viceversa, dijo Berra, y agregó que "nadie sabía qué hacer con él, y fue mucho peor cuando surgió la necesidad de una maestra integradora, porque no querían un adulto externo a la institución dentro del aula".

"A esto se le sumaba que no era de la esfera pública, así que finamente me ofrecieron una maestra especial dos veces por semana de ese ámbito. Pero no era lo que Gaby necesitaba para su tratamiento. Cuando se los explique, terminaron negándome la vacante para el año siguiente", añadió.

"Llegamos incluso a hablar con la ex ministra de Educación porteña, pero tampoco fue suficiente. Eso nos llevó a tener que interponer un recurso de amparo y recién así logramos que aceptaran a Gaby y su maestra integradora, todos los días, la que fue solventada por la obra social y estaba especializada en su problema", dijo.

Aclaró que "en la práctica no la dejaban trabajar. Era una lucha continua donde la docente del grado decía que no podía estar con Gaby en el aula y, a la vez, mi hijo se sentía rechazado. De esta forma, retrocedía en la integración con sus pares, que era en definitiva lo que más necesitaba".

Florencia Vázquez, psicóloga del niño, sostuvo que "la integración de Gaby es posible, ya que más allá de sus características personales, su trastorno presenta dificultades especialmente en la esfera social y por eso, si la escuela tiene una buena política de inclusión, facilita enormemente las cosas".

Pero eso no existió y frente a la ignorancia, la falta de voluntad de la escuela y el retroceso de Gabriel, sus padres optaron por el sistema privado, donde también los esperaba un peregrinaje por los colegios hasta que llegaron a Generación del Futuro.

El chico cursa segundo grado y el mismo gabinete psicopedagógico de la institución evalúa la posibilidad de que deje de ser asistido el año próximo por la figura de la integradora.

Andrés Fornacero, a cargo del área en ese colegio, dijo que "su evolución ha sido tal que creemos que el año que viene Gaby puede asistir a un tercer grado sin integradora. Mejoró mucho en lo social y aprende de a poco manejar los códigos que los demás chicos tienen.

El no entenderlos le generaba angustia, pero se pulieron esas cosas y ahora muchas veces son los mismos compañeros los que lo ayudan cuando algo lo descoloca.

"Desde lo pedagógico le hemos adaptado algunas consignas, eso fue todo. Después su desempeño fue el mismo que cualquier hijo de vecino, estuvo más o menos cansado, se distrajo como todos, participó como todos", expresó.

Para el coordinador, la integración del pequeño "fue muy fácil" y también lo es la de la mayoría de los niños con problemas de desarrollo: "Se trata de tener ganas y si la ganas no vienen de adentro de la escuela, no sirve porque si se impone, a la larga, se lo terminan sacando de encima", sintetizó.

Entre las trabas que existen citó que "hay una creencia equivocada de que el niño a integrar supondrá una sobrecarga de trabajo, lo cual es una fantasía" e interpretó que "debe despertar cierta angustia donde el docente quiere hacer más con él".

"Pero después están los maestros que no quieren tener contacto con el `no alumno monitor`, es decir, aquel que no aprende todo lo que le decís. Estos chicos justamente te vienen a decir: No, no voy a aprender todo así, como vos querés, lo voy a asimilar de otra manera", agregó.

fuente: (Télam) snc-ageo-rjv-jar 08/11/2009 10:52